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21. La Mona, Para todos aquellos que se portan mal.

Mona momo

Así que iniciemos ya: vamos juntos a remembrar un pasado común que recrea un futuro esperanzador, narrando nuestras leyendas guanacastecas, hijas del folclor nacional y de los países vecinos, algunas de ellas cargando con orgullo siglos de historia a sus espaldas.

En aquellos tiempos un matrimonio pueblerino del Guanacaste de antaño vivía muy feliz, a pesar de no tener hijos. El esposo, un honesto labriego, aunque trabajaba arduamente todos los días, comía siempre con abundancia, como si fuera el último día de su vida, por lo que su sueño era pesado, con mucha dificultad para iniciar el descanso nocturno, levantándose cada día “a la hora del burro”, después que el sol salía.

En cambio su mujer, también muy hacendosa, se acostaba tempranito, para poder madrugar a la salida del sol. Sin que su esposo lo notara, ella se despertaba siempre a la media noche, y salía sigilosa del hogar, iniciando el camino hacia el poblado vecino, pero poco antes de llegar, bajo un frondoso Guanacaste, pronunciaba una oración satánica que guardaba celosamente bajo su delantal y después ocurría lo inimaginable, al quitarse el ropaje humano de su piel, adquiría la figura de mona, subiéndose en los árboles y avanzando con rapidez hacia las casas del poblado. Siete años antes, una vieja bruja del pueblo que se había sentido ofendida cuando esta campesina con sus encantos juveniles le había quitado a su pretendido y se había casado con él, la maldijo doblemente, para que no pudiera tener hijos y que penara todas las noches transformada en la tristemente famosa Mona.

Sospechando de la infidelidad de su pareja, porque una noche al despertarse no la encontró a su lado, y aunque la llamó por varias veces no obtuvo respuesta alguna, el celoso esposo se levantó después de la media noche y se dio a la tarea de seguir a cierta distancia los pasos de su esposa. Sin embargo, por tres noches seguidas, no la pudo alcanzar, perdiéndola de vista en la parte más oscura del camino. A punto de abortar su misión persecutoria, cuando ya tiraba los últimos cartuchos, dio por fin con el lugar bajo el guanacaste donde su esposa se transformaba, y vio consternado cómo, mientras pronunciaba la terrible oración, su piel se desgarraba, convirtiéndose en la Mona.

Una vez que huyó por los árboles, el acongojado esposo se acercó más al lugar y pudo observar la piel de su mujer tirada en el suelo. Con lágrimas, la tomó en sus manos, la echó en el saco que andaba, la llevó a su casa y le arrojó encima una libra de sal. Poco antes del amanecer, cuando aquella bestia demoniaca regresó de su faena nocturna, asustando a los trasnochadores mal portados, hombres borrachos y mujeriegos, por medio de carcajadas espeluznantes y alaridos que asustaban aún a los más valientes, no encontró su piel de mujer, viéndose obligada a penar toda su vida como la mona, sin poder adquirir nuevamente su figura humana. Cuentan que no pocos hombres han perdido su habla temporalmente o de forma definitiva después de haberse encontrado con este maléfico personaje.

Más vale que la valiente población guanacasteca ya sabe cómo enfrentar y vencer a la Mona de diferentes maneras, según la costumbre de su pueblo: cuando la víctima aprendía a controlar su miedo y decía oraciones cristianas de contra; cuando clavaba una cruceta (un machete en forma de cruz) en el suelo; cuando arrojaba un puño de maíz (de semillas de mostaza o de sal) y de inmediato tiraba el sombrero boca arriba, de modo que obligaba a que la Mona tuviera que amanecer recogiendo los granos, sin poderse ir hasta que jurara no volver a molestar a nadie en el vecindario. Gracias a esta hazaña de algunos guanacastecos es que hoy en muy pocos lugares sigue saliendo la Mona.

Las Monas son unos personajes míticos centroamericanos de origen chorotega. Eran brujas que, mediante oraciones indígenas ancestrales, se les desprendía la piel y les crecía el pelo, transformándose en un ser similar a un mono monstruoso. Las monas podían desplazarse a gran velocidad a través de los árboles, generalmente para hacerles daño a sus enemigos o a las personas mal portadas en forma sorpresiva. Las Monas se han convertido en los mejores policías nocturnos, las sacerdotisas de la media noche, las guardianas de la moralidad y defensoras del matrimonio, sólo vencidas por la astucia de la sabiduría campesina popular.

(Prof. Ronal Vargas y Edgar Cantón)