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Corralillos de Carrillo, un pueblo de origen comunista…

Corralillos de Carrillo, un pueblo de origen comunista.

Fuente: Profesor Ronal Vargas Araya

El poblado del cantón de Carrillo que hoy se conoce como Corralillos, a escasos 14 kilómetros al sureste de Filadelfia, surgió en medio del latifundio El Viejo en el año de 1945, gracias a la participación activa del partido comunista en medio de la reforma agraria que se venía gestando años antes desde los poblados vecinos. Varios campesinos terracarentes deseaban habitar las tierras fértiles cercanas al río Tempisque y venían presionando el latifundio de El Viejo, sabiendo que tenían muchas tierras ociosas.

“Los habitantes de Ortega decidieron invadir una sección de la hacienda El Viejo a principios en la década de 1940. Según los habitantes, en 1944, la negativa de venta para uso comunitario de las secciones aledañas al río Las Cañas, por parte de su propietario Fernando Pinto, hizo que los pobladores buscaran por la fuerza, tomar las tierras. Así, los habitantes ideologizados por el partido Vanguardia Popular –de corte comunista- por medio de Adán Guevara –liberiano- y el líder comunal Lucas Ortega, iniciaron una lucha contra el acaparamiento de las tierras del El Viejo. El conflicto llegaría hasta las más altas esferas políticas, pues sólo con la intervención del presidente Teodoro Picado, se les dotó de tierras a los habitantes en el sitio Corralillo, que en inviernos bravos anegaban el suelo ahogando la producción. La embrionaria dotación de tierras y la nula parcelación con linderos poco definidos y precisos, hizo que una especie de solar comunal donde algunos se fueron a vivir y otros simplemente trabajaban las tierras. Sin embargo, las llenas –inundaciones- de la década de 1950 provocaron que la mayoría de los productores abandonaran la producción, e incluso migraran a la zona Bananera, localizada en el Pacífico Sur de Costa Rica” (1).

El Gobierno compró 200 hectáreas a los dueños de la Hacienda y los distribuyó dando lotes de 5 hectáreas a cada familia de parceleros. Los que recibieron lotes del Estado se comprometieron a pagar 200 colones por mes durante 20 años. Por eso muchos se dedicaron a deforestar cuanto árbol maderero encontraban en su parcela para no dejar de pagar la deuda con el Gobierno y arriesgarse a perder las tierras, destruyendo la barrera natural contra las inundaciones, sin darse cuenta.

La mayoría de los beneficiados con estas parcelas que les entregaba el Gobierno eran militantes del partido comunista de los vecinos poblados de Ortega, Bolsón y Filadelfia. El ministro de trabajo Miguel Brenes Gutiérrez, de parte del Gobierno, regaló alambre de púas a los campesinos para que protegieran sus sembradíos de frijol del ganado que andaba libre por esas tierras. Ese año de 1945 los campesinos tomaron posesión de sus lotes, a pesar que todavía no habían sido medidos, sin embargo, todavía no fueron sembrados. Al año siguiente, y por insistencia del partido comunista, se tomó la decisión de hacer un sembrado colectivo mientras se continuaba con la medición de las tierras todavía hasta 1947; pero el apoyo del Gobierno, prometido para los proyectos productivos del campesinado, nunca se dio, puesto que el Gobierno caldero-comunista fue derrotado en la guerra de 1948 y la nueva Junta de Gobierno no miró con buenos ojos este y otros experimentos de reforma agraria en Guanacaste. “Después de la Guerra Civil de 1948, la mayoría de los partidarios del partido comunista en Corralillos fueron desalojados y reemplazados por nuevos partidarios del régimen socialdemócrata” (2). Este desalojo de los fundadores del pueblo se facilitó porque los Gobiernos no acostumbraban otorgar escrituras a los beneficiarios de estos proyectos sino hasta muchos años después, a pesar que sí se pagaba con prontitud al latifundista dueño anterior de la tierra. Al revocarse la Ley de poseedores en precario en 1951, se cayeron todos los procesos de reforma agraria que abundaban en la provincia hasta la fundación del ITCO, diez años después.

“Recuerdo bien cuando hacían las reuniones del partido, don Manuel Mora, un señor Modesto Ruiz, don Domingo Rojas, mi tío Lucas Ortega y otros que no recuerdo, pero que nunca fallaban a esas reuniones en casa de mi Mamá Hilda Acevedo, que ya tiene 90 años”, comenta en su facebook Cristina Acevedo Robles. Otro vecino le aclara: “Te faltó don Cantón, el que repartía el periódico del partido comunista llamado Libertad…”.

Diario Digital El Independiente. Edgar Cantón

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