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“Coyología: breve tratado sobre el Coyol”.

Fuente:  Ronal Vargas Araya
El tomar la tradicional bebida del coyol en Costa Rica ha sido una costumbre heredada por los antiguos chorotegas, que llamaban al coyol “nimi” (Juan Santiago Quirós Rodríguez. “Diccionario español-chorotega”, Editorial UCR, San José 2002, pág. 85). Ya desde tiempos coloniales el cronista Fernández de Oviedo que visitó las costas del Pacífico norte, describe la exquisitez de una bebida extraída de una palmera con muchas espinas que encantó a los españoles. En el siglo XVI el Corregidor o Alcalde de Nicoya “cobraba un peso por cada coyol botado”, lo que indicaba lo popular que era esta bebida desde tiempos remotos. Cuenta Miguel Ángel Quesada en su “Diccionario Histórico del español de Costa Rica” (EUNED, San José 1995, pág. 42), que una de las primeras menciones del término “coyol” en un escrito costarricense fue dada en Nicoya en 1772, y fue transcrita literalmente asÍ: “Preguntado como dize que solamente fueron algunas palabras, cuando consta que iba tomando de el coyol o chicha con un espadín a la sinta” (ANCR, Complementario Colonial 0351, folio 2). Tanto es el reconocimiento que se le tuvo a esta planta en Santa Cruz que la tradición del Cristo de Esquipulas dice que la imagen del peón robado en Guatemala fue hallada colgada en un coyol.
El cultivo del coyol es de sabana, procreándose de forma casi natural en los grandes potreros, con la complicidad del ganado al que le encanta comer la fruta de su coco. El color de esta bebida es blancuzco lechoso, a diferencia de la región caribe donde también se ha cultivado. Su sabor es exquisito, ligeramente más fuerte que el “agua de pipa” (de coco) y con propiedades embriagantes si se toma horas después de haber sido extraído.
Según apunta el “diccionario de guanacastequismos” del maestro Gardela, el coyol es un “tipo de palmera cuya savia es una exquisita bebida…En verano se corta el árbol, en su tallo se hace un hueco a manera de canoa, el cual es ensanchado todos los días. Allí brota el dulce líquido que se bebe como refresco. Al avanzar la fermentación, se transforma en licor embriagante y, al final, se convierte en vinagre”.
Hay dos importantes detalles que debemos de aclarar:
1. El guanacasteco habla del COYOL y de la coyolera, mientras la gente cartaga le metió el apellido de VINO de coyol, que aquí nunca fue tradicional.
2. Pareciera que tampoco su bebida es tradición afrocaribeña, como muchos dicen, sino nahualt, y por tanto chorotega.
Tal vez esta confusión tiene su origen cuando el historiador Carlos Meléndez en su libro «El Negro en Costa Rica «, al hablar sobre la herencia cultural africana, afirmaba entre otras cosas que «otra práctica que es bastante corriente en Guanacaste, es la de cortar una palma para hacer vino de coyol. Esto es muy usual en el África, de manera que parece no haber duda en cuanto a su origen». Por afirmaciones como esta es que por mucho tiempo se creyó que la bebida del coyol equivalía a un VINO (de uvas) y que tenía su origen en África y no entre los aborígenes. Tal vez por este aislado testimonio histórico es que equivocadamente se le llama VINO a la bebida del coyol y se ha postulado que fue una tradición afrocaribeña.
El cultivo del coyol era frecuente en los márgenes del Tempisque, pero hoy está extinguiéndose por su gran explotación. Un gran coyolero de Nambí de Nicoya cuenta que se gasta casi 6 millones al año comprando palos de coyol, pero le saca al menos unos 200 mil colones a cada palo (por los que paga alrededor de 20 mil por cada uno). De noviembre a mayo, en la época veranera que más se vende el coyol, este comerciante gana muchos millones con esta bebida de origen chorotega.
Según apunta el botánico Dr. Pittier en su obra “Ensayo sobre plantas usuales de Costa Rica”, el coyol es una «palmera característica de las sabanas y faldas secas de la costa del Pacífico, en donde llega a formar verdaderos bosques. Fue una de las plantas económicas de los antiguos indios, quienes sacaban de su tallo una savia rica en azúcar, la que fermentada, formaba una de las bebidas embriagadoras con que animaban sus fiestas. En tiempos de escasez, se ha usado como alimento la fruta, que es muy degustada por el ganado. Ya han desaparecido muchos de los grandes coyolares de la vertiente suroeste del país. Con más razón tal vez este árbol se llama palmera de coyol”. En su etimología náhuatl se denomina coyolli, cascabel, por alusión a la forma del fruto.
En el territorio que hoy ocupa Nicaragua los chorotegas llamaban a esta bebida “chicha de coyol”, y su uso era frecuente aún más al norte, entre los pueblos originarios de México, por lo que no debe creerse que su bebida es una tradición solo guanacasteca o nacional. Lo que sí es de conocimiento general es que entre más costero haya sido cultivado el árbol del coyol, más sabrosa es la savia que produce, tal vez por los ingredientes salinos de aquellas tierras. De diciembre a abril son los meses específicos para cortar los coyoles y que la bebida conserve su mejor sabor; si se cortaran en otros meses generalmente se secan o se llenan de gusanos, pues al coyol botado le cae muy mal el agua de lluvia. Y los mejores días para botarse los coyoles son “en luna creciente”, cuando haya marea alta y la luna esté más cerca, y no en cualquier época del año.
En contra de un prejuicio muy difundido, es completamente falsa la creencia de que el que se emborracha al beber coyol, se vuelve a emborrachar al día siguiente, si recibe un baño de sol, claro está, ¡gratuitamente!. Al parecer esta superstición ha sido difundida muy convenientemente por los guanacastecos, y creída muy religiosamente por los “cartagos” del interior del país, para beneficio de los primeros y temor prudente de los segundos. De no haber promovido este conveniente mito del doble efecto embriagador del coyol posiblemente esta planta ya estuviera extinguida de las planicies de Guanacaste.
Con base en la sabiduría popular dada por la inspiración de la bebida del coyol hay muchas poesías y escritos literarios donde el coyol es un personaje importante, y además han surgido varios refranes y dichos guanacastecos donde se menciona, sobresaliendo entre otros los siguientes:
– Se toparon la piedra con el coyol (cuando se encuentran dos personas antagónicas, como agua y aceite).
– Lo blanco del coyol del ojo (la parte blanca del ojo).
– Para hacer eso hay que tener coyoles (la valentía necesaria para efectuar ciertas acciones que implican peligro o exigen mucha fortaleza).
– Le faltan coyoles (le faltan testículos, no tiene la valentía necesaria para una tarea específica).
– Los coyoles se botan en luna creciente (las cosas suceden en el momento oportuno)
– Salir de coyolera (irse de fiesta)
– Coyol quebrado, coyol comido (Vamos a lo que venimos).
– Hoy amanecí coyoleado (amanecer golpeado, sin ánimo de nada).
– El peón guanacasteco “los sábados mezcla penas con coyol y se las traga, para fingir alegrías fugaces en la parranda” (“Canto Macho” de Adán Guevara).
Para quienes quieran profundizar más en “coyología” les recomiendo el posterior artículo en el periódico Mensaje de Carlos Arauz (además de la lectura del término “coyol” en su diccionario “Mi lindo Guanacaste”,
Diario Digital El Independiente,Edgar Canton.

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