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Desde hace 56 años el guanacaste es nuestro árbol patrio.

Este año celebramos el centenario de la declaración oficial del día del árbol, dada un 25 de mayo de 1915, mediante decreto ejecutivo N°14 del presidente Alfredo González Flores, donde se declara de forma genérica el día del árbol en el territorio nacional, sin mencionar ninguna especie de árbol en concreto (este mismo presidente será quien cercene la provincia de Guanacaste cinco meses después al ceder de forma irregular a Puntarenas la administración de la Península de Nicoya).

El 31 de agosto de 1959, también desde el Poder Ejecutivo, el entonces presidente Mario Echandi Jiménez por medio del Decreto N°7 declara un nuevo símbolo patrio, el guanacaste como “árbol nacional”, gracias a una campaña realizada por don José María Pinnaud, director del desaparecido diario La Tribuna, como un homenaje al gesto de los guanacastecos de anexarse al país en 1824, y dice así: Artículo único. Declárase la especie forestal conocida popularmente por el nombre de «guanacaste» y denominada científicamente «enterolobium cyclocarpum (Jack) Gryseb» como Árbol Nacional de Costa Rica.

Entre las razones para dicha declaratoria como Símbolo Nacional se tomó en consideración rendirle homenaje a la provincia Chorotega, por el hecho histórico-político de la Anexión del Partido de Nicoya. Además se justificó con un argumento socialista, aduciendo que la enorme sombra del árbol de guanacaste semejaba la protección que el Estado brindaba a los costarricenses, y se subrayó que era “símbolo de estabilidad y crecimiento, irradia pujanza a su alrededor, elegante la silueta, resistente al viento, solemne, poderoso, el Guanacaste cautiva a primera vista con su copa vasta, redondeada, en forma de sombrilla”.

Aunque el árbol de guanacaste tiene mucha similitud con el higuerón (también llamado matapalo, “ficus”), su copa es menos aplanada, su hoja no es plana sino compuesta de hojuelas, el ramaje es menos tupido y el tamaño mayor. Ya es hora que el INS y otras instituciones estatales que colocan en sus logos y publicidad el dibujo o la foto de un higuerón creyéndolo un guanacaste, reviertan semejantes errores y le den su lugar a nuestro símbolo nacional.

El nombre de Guanacaste proviene de la lengua azteca “guautil”, árbol y “nacaztli”, oreja, significando algo así como el árbol de las orejas o el árbol que escucha. Esto se debe a la forma que tienen sus frutos, unas vainas duras de hermoso c

color café con forma de oreja, que fructifiquen entre febrero y mayo. Es llamativo en este árbol la inmensa sombra que brinda a quien busca refugio bajo sus ramas, particularmente bajo el duro calor de la pampa. En Costa Rica, el guanacaste se encuentra desde el nivel del mar hasta 900 metros de altitud.

Sus frutos representan una fuente de alimento muy importante para la fauna silvestre en el verano, los saínos, los ratones silvestres y hasta las dantas también se alimentan de las «orejas» del guanacaste. Sus hojas son devoradas por el ganado que se cubre bajo su sombra y los ganaderos que recolectan sus frutos, una vez secos los muelen y los revuelven con el alimento del ganado, por ser rico en proteína y carbohidratos solubles. Los niños se divierten jugando a contar con sus preciosas semillas, y algunas abuelas aventureras las muelen y hacen con ellas un delicioso fresco. Es un árbol que necesita mucha agua, luz y sol. Llega a medir quince metros de alto y el diámetro de su tronco puede ser de hasta cuatro metros. Aunque es un árbol caducifolio (es decir, que pierde todas sus hojas durante una época del año), es considerado un árbol vivaz, por su potencia y larga vida, que generalmente sobrepasa los 60 años.

A pesar de la disminución acelerada de esta especie, entre otros motivos por la explotación de su bella madera, el guanacaste es experto en sobrevivencia a inundaciones y a climas muy secos, por lo que se convierte en uno de los más valerosos exponentes de la resistencia al cambio climático. En el 2005, el Instituto Nacional de Biodiversidad (INBio) otorgó el Premio Árbol Excepcional, al árbol de Guanacaste que se ubica

en el parque Héctor Zúñiga de Liberia, poblado que nació a la sombra de un guanacaste. Entre los considerandos de sus características físicas para conferirle dicho galardón adujeron: “amplitud en su copa de 44 metros, 5,20 metros de circunferencia, 40 metros de sombra y 15 metros de altura. Su edad aproximadamente es de 75 años”.

Las cortezas de los guanacastes que se levantan orgullosos por la provincia que tiene su nombre, tal como lo señala el maestro liberiano Miguel Fajardo, guardan de sus ancestros “el grito histórico Varguista. Han sido testigos de las luchas contra los filibusteros y del arrojo que alcanzó el Batallón de Moracia, al mando de Tomás Guardia, durante la Campaña Nacional (1856-1857).   Es un gigante de libertad extendida. Se planta en media calle, en barrio Condega, como emblema y desafío, en el tiempo de las raíces contra el olvido. Es un pedestal en el tiempo de los trípodes para reconocer la geografía de un Guanacaste no ajeno, que protesta contra las injusticias del llano”.

Nuestro medio aclara porque hay muchas personas que confunden el árbol de Guanacaste con el Árbol de Higuerón.

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(Prof. Ronal Vargas Araya)

Diario Digital El Independiente.