Contact to us

Browse By

El impacto cultural de la globalización, el papa Francisco y su polémica Eco-encíclica “Laudato si”.

Papa Comunista

Prof. Ronal Vargas Araya (UNA, Liberia 9-09-2015)

La globalización ha logrado que el planeta tierra se convierta en aquella pequeña ciudad donde las personas estamos cada vez más cercanas a lo que pasa en nuestros alrededores, aunque estos se ubiquen a miles de kilómetros; casi ha logrado desaparecer las fronteras para el comercio y los grandes empresarios, pero levantando muros a los migrantes y desplazados; ha traído “el sometimiento de la política ante la tecnología y las finanzas” (#54). La globalización ha transformado la cultura y muchos de sus valores, haciéndonos asumir modelos foráneos como propios, comunes y únicos; ha convertido creencias y religiones en reliquias de museos y los símbolos patrios en viejos recuerdos del pasado, diciéndonos: “Ahora eres un ciudadano universal, dime cuánto tienes y te diré cuánto vales”. Las lecciones de la historia nos llevan a la exigencia inminente de “una nueva ética de las relaciones internacionales” (#51), donde “no hay espacio para la globalización de la indiferencia” (#52).

Quién hubiera imaginado en este complejo mundo globalizado la llegada a Roma del Obispo Bergoglio, jesuita (“el Papa negro”) y argentino, que sería elegido como el primer Papa latinoamericano, asumiendo el profético nombre de Francisco, y siendo hoy en día un líder moral creíble, frente a otros muchos salpicados de corrupción, hasta ser propuesto recientemente como candidato al premio nobel de la paz. Contrario al comportamiento de los líderes mundiales, y al igual que Jesús, el papa Francisco nada teme, ni tan siquiera se preocupa por amasar fortuna personal o por cuidar su seguridad personal.

Su reciente carta “Laudato si” (del italiano, “Alabado, seas”, el primer verso del famoso poema escrito por san Francisco de Asís en 1226), publicada el 24 de mayo de 2015, es la primera encíclica (o carta circular) enteramente propia, pues la anterior llamada “Lumen fidei” (La luz de la fe) fue continuación de la que ya estaba redactando el papa Benedicto XVI. Está dirigida a todos los creyentes y personas de buena voluntad, por parte de alguien que está profundamente preocupado del cuidado de la Casa Común, “la oprimida y devastada tierra”, que se encuentra.

“entre los pobres más abandonados y maltratados” (#2).

Este documento ha sido el mejor escrito ecológico oficial de la iglesia católica, y por su relevancia ningún debate sobre temas ambientales, de ahora en adelante, puede ignorarlo. Le llaman Eco-encíclica o encíclica verde porque trata temas relacionados con la tierra, el agua, el calentamiento global, los alimentos y la exclusión de los pobres, sobresaliendo entre ellos la rica flora y fauna, consideradas por muchos solo como objeto de comercio: todo lo enfoca desde la perspectiva de la justicia social. Arremete contra el capitalismo salvaje y las multinacionales, “que hacen aquí lo que no se les permite en países desarrollados o del llamado primer mundo” (#51), por lo que critica que estas grandes empresas se comporten como «depredadores» del planeta. Mirándolo desde fuera, “semejante comportamiento a veces parece suicida” (#55).

El ambiente y la ecología merecen un cuidado permanente por parte de la humanidad, pero la globalización económica les ha puesto precio, y ante el progreso material parece no tener importancia la afectación socio-ambiental; “la degradación de la naturaleza está estrecha­mente unida a la cultura que modela la conviven­cia humana” (#6). Constatamos que “cualquier cosa que sea frágil, como el medio ambiente, queda indefensa ante los intereses del mercado divinizado, convertido en regla absoluta” (#56). Al abordar la integración regeneradora de la humanidad con el resto del medio ambiente, la Iglesia Católica abraza la teoría evolutiva y la visión holística del Universo. Eso se evidencia al citar al científico jesuita Teilhard de Chardin, censurado en su momento por la iglesia, apunta el teólogo brasileño Frey Betto. “La degradación ambiental y la degradación humana y ética están íntimamente unidas” (#56).

El Papa acuña el concepto ambientalista de “la cultura del descarte”, el “use y bote”, fruto de un modelo cultural que se ha impuesto con los años, que “afecta tanto a los seres humanos excluidos como a las cosas que rápidamente se convierten en basura…todavía la mayor parte del papel que se produce se desperdicia y no se recicla” (#22). Somos máquinas de producir basura. Debemos asumir un nuevo estilo de vida personal y social cada vez menos contaminante, disminuyendo el impacto de nuestra “huella ecológica”. Bienvenidas las campañas para reciclar y reutilizar. Sólo con un cambio podremos revertir

el calentamiento global, “la humanidad está llamada a tomar conciencia de la necesidad de realizar cambios de estilos de vida, de produc­ción y de consumo, para combatir este calenta­miento o, al menos, las causas humanas que lo producen o acentúan” (#23).

La Eco-encíclica busca superar el mito del progreso material y enfocarnos en la dignidad humana, donde sí cabe hablar de una ecología de la liberación. Apunta que “la deuda externa de los países pobres se ha convertido en un instrumento de control, pero no ocurre lo mismo con la deuda ecológica” (#52). No en vano entre quienes dieron los aportes más significativos al documento eclesial están renombrados científicos de muchos países, Conferencias Episcopales de los cinco continentes y varios teólogos, particularmente seguidores de la llamada “teología de la liberación”, tales como los brasileños Leonardo Boff, Frei Betto o el obispo de la Amazonía, Pedro Casaldáliga. Igualmente se descubren en el documento aportes de los españoles Juan José Tamayo y Jon Sobrino, radicado en El Salvador y amigo íntimo del beato Monseñor Romero, mártir de la justicia y la verdad.

Lo que más caracteriza a esta sociedad globalizada es el ser consumista y vivir de apariencias. A las personas y países no les importa vivir endeudados, con tal de mostrar siempre una apariencia de poder y estabilidad económica. El consumismo es serio responsable de “problemas ligados a la contaminación ambiental…Sabemos que se desperdicia un tercio de los alimentos que se producen” (#50). “El consumismo obsesivo es el reflejo sub­jetivo del paradigma tecnoeconómico” (#203). Compramos convulsivamente aun lo que no necesitamos. El mercado nos impone la manera de vestir y de hablar, lo que debemos de comer, las bebidas y hasta la forma de divertirnos y ocupar nuestro tiempo libre. Nuestra sociedad y sus valores culturales tienden a perecer “a merced de un consumismo sin ética y sin sentido social y ambiental” (#219).

Ante el fenómeno de la globalización en la comunicación, el Papa reafirma que “la verdadera sabiduría…no se consigue con una acumulación de datos…una especie de contaminación mental que reemplaza las relaciones con los demás…que nos lleva a un dañino aislamiento” (#47). La sabiduría es fruto de la reflexión y el intercambio generoso entre las personas de diversas culturas. La Prensa tiene que promover un discurso verde,

poniéndose al servicio de la verdad y el cuidado del ambiente, no del capital económico; “no podemos dejar de reconocer que un verdadero planteo ecológico se convier­te siempre en un planteo social, que debe integrar la justicia en las discusiones sobre el ambiente, para escuchar tanto el clamor de la tierra como el clamor de los pobres” (#49).

Por primera vez el Papa ha planteado el tema de “los desplazados climáticos», en Asia, África y Latinoamérica, fenómeno asociando al cambio climático, el impacto de la industria en el medio ambiente con la pobreza y los movimientos migratorios. Este es un nuevo tipo de refugiados todavía no reconocidos ni protegidos por la ONU. Por desgracia hemos aplazado los exámenes en los momentos críticos de la humanidad: “no se aprendieron las lecciones de la crisis financiera mundial y con mucha lentitud se aprenden las lecciones del deterioro ambiental” (#109).

En el fondo de la crisis ecológica está un cambio radical del paradigma cultural al paradigma tecnocrático, propiciado por la globalización: “se volvió contracultural elegir un estilo de vida con objetivos que puedan ser al menos en parte independientes de la técnica, de sus costos y de su poder globalizador y masificador” (#108). Antes nos preguntábamos cuánto puede vivir un ser humano sin comer ni beber, ahora la pregunta es ¿será posible vivir sin internet, sin Facebook ni twitter? Esto nos ha llevado a una doble vida, y creemos que la verdadera es aquella en la que publicamos libremente en nuestra tapia (muro), sin censura ni sesos. En vez de ampliar nuestros horizontes, el mal uso de la tecnología tiende a idiotizarnos y aislarnos de nuestra tradicional vida familiar, matrimonial, comunitaria y social, asesinando la cultura.

En fin, debemos fomentar el “desarrollo de una verdadera cultura del cuidado del ambiente” (#229) que impregne la sociedad (#231). No esperemos que sea demasiado tarde para dar este paso; “muchas veces se toman medidas sólo cuan­do se han producido efectos irreversibles para la salud de las personas” (#22). El Papa nos invita a una conversión ecológica de la humanidad, que es a su vez una conversión personal y comunitaria: “no se trata de hablar tanto de ideas, sino sobre todo de las motivaciones que surgen de la espiritualidad para alimentar una pasión por el cuidado del mundo” (#216).

Prof. Ronal Vargas Araya.