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El muerto de la quebrada,leyenda Guanacasteca.

Fotografia: Ilustrativa

Versión de: Josefa Alvarado Chavarría

En el pasado, no existía la carretera interamericana para viajar de Cañas Dulces a Liberia y
viceversa. Para ello, se debía utilizar un camino polvoriento en la estación seca; pero, en la estación
lluviosa, se convertían en barreales intransitables que eran pegaderos profundos para los caballos y las
carreteras. Estas últimas eran los vehículos de traslado en esa época. En el recorrido se invertían dos
horas a caballo y cuatro horas en carreta o a pie.
Cuando las familias iban a bautizar algunos de sus hijos, al matrimonio de estos, amigos o
familiares o bien a cualquier otra actividad en Liberia, debían usar carretas que cubrían con unas carpas
de lona que llamaban chopas. Estas se colocan sobre arcos de palos bien sujetados con mecates a la
parte inferior de las estacas de la carreta. Todo ello lo hacían para protegerse de la lluvia, sol, o sereno,
según la hora en que les correspondía realizar el viaje.
Cuentan que, cuando viajaban en horas avanzadas de la noche, eran sorprendidos y asustados por
un hombre sin cabeza, quien salía de la espesura del monte de la quebrada hoy llamada Quebrada del
Muerto. El hombre se sujetaba de las estacas para subirse a la carretera, por lo que las mujeres gritaban,
rezaban, lloraban y decían al boyero:
-¡Aquí va montado un hombre sin cabeza! ¡Mírenlo!
Y le ordenaban: -¡Bájate y no vengas a fregar, que nosotros nada te debemos!
El hombre sin cabeza no respondía, porque no le importaba todo lo que le dijeran y no se movía.
El boyero les decía: -Déjenlo ahorita se baja. Esta no es la primera vez que se sube y,
tranquilas, después se baja. Siempre lo hace así cuando pasamos a estas horas por este lugar y no le
hace daño a nadie.
Efectivamente, al llegar al río Blanco, ubicado antes del río Colorado, desapareció y no se
percataron cuándo sucedió. Fue como un abrir y cerrar de ojos cansados por el sueño. Este hombre
se quedaba escondido en las tupidas arboledas de la zona que antiguamente eran selvas impenetrables
donde vivían toda clase de animales. Ahí estaría nuevamente listo en la quebrada para volver a
montarse en la carreta que pasara muy adentrada la noche.
Las abuelitas contaban que eso era frecuente en ese punto del camino y a esas horas de la noche.
Ellas creían que ese hombre sin cabeza, era el alma en pena de un pobre hombre a quien mataron
cortándole la cabeza y a quien sepultaron en ese solitario llano de pampa guanacasteca. Se dice que,
por la pena que pagaba, salía para asustar a quienes pasaban en horas de la noche por el lugar que los
vecinos llamaron La Quebrada del Muerto

Diario Digital El Independiente,Edgar Canton.