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El Padre sin cabeza. Una leyenda de nuestro medio para todo los padres.

Varias antiguas culturas indígenas, al igual que en tiempos de la “santa inquisición”, tenían por castigo común cortar la cabeza de los enemigos vencidos o de los acusados por brujería y hechicería, hombres y mujeres señalados por llevar una vida sospechosa, sin importar para nada su defensa o posible inocencia.

En cierta ocasión un famoso borracho de Cañas conocido simplemente como Toñito, que descansaba con su caballo junto a la casa de los peones de una hacienda ganadera, tuvo la visión a lo lejos de una extraña Ermita que antes nunca había visto en el pueblo. Se restregó bien los ojos porque la Ermita que él conocía era una rancha humilde. Para desvanecer sus dudas, las campanas de aquella Ermita replicaron, llamando a misa. La curiosidad pudo más que la rasca que le golpeaba por la ingesta de licor del día anterior: Toñito avanzó en su cadavérica bestia hacia la extraordinaria Ermita, se desmontó y entró al templo, que estaba iluminado a media luz. Se hincó al escuchar el canto penitencial del “Kyrie Eleison” y cayó en la cuenta que al padre que estaba celebrando los oficios religiosos de espaldas al pueblo nada menos que le faltaba la cabeza.

La impresión que le causó aquella visión levantó al borrachito Antonio como si estuviera sentado en resortes y lo hizo huir en fiera estampida. Al pasar bajo el coro en plena huida Toñito pudo escuchar el escalofriante sonido de un ruido infernal y sintió que las campanas le seguían replicando cada vez más fuerte, a punto de reventarle los oídos y no supo ya más.

Allí todavía cerca de la casa de los empleados, tirado sobre el zacate, unos carreteros madrugadores que llevaba sus productos a la ciudad encontraron todavía sin sentido al borrachillo. Lo recogieron y lo trasladaron a su casa, donde pasó muy delicado por varios días, como nunca le había sucedido en ninguna juma. Costó que recuperara el conocimiento y hasta se le dificultó por varios días el pronunciar palabra alguna.

Muy pronto se difundió por el poblado la noticia de la aparición del “Padre sin Cabeza”. Algunos presentes sólo atinaban a comentar las posibles causas de aquella extraña narración diciendo: “Son acechanzas del demonio, acaso habría asistido a sus propios funerales, le sucedió en castigo de sus pecados”. Lo más importante de la historia es que nunca más se volvió a escuchar que aquel humilde campesino Toño volviera a ingerir licor y las personas que acostumbraban trasnochar debajo de un árbol, cada vez fueron menos, porque temían enfrentar la visión de una gran puerta que los llevaba a la preciosa Ermita donde celebraba misa negra el padre sin cabeza.

La leyenda del padre sin cabeza pareciera proceder desde los tiempos coloniales, y algunos apuntan que pudo tener su origen en el acontecimiento histórico del asesinato del primer gran obispo de la diócesis de León, que abarcaba los territorios de Nicaragua y Costa Rica. El martirio del santo Obispo Antonio Valdivieso, defensor de los indígenas, en manos del cruel encomendero y Gobernador Fernando Contreras, quien sin misericordia alguna le cortó la cabeza de un solo golpe de espada el día 26 de febrero de 1550, marcó profundamente la vida del cristianismo primitivo de estas tierras, y puede que de aquí surgiera la leyenda del obispo-padre sin cabeza, como un reclamo histórico a los injustos y crueles patronos que maltrataban a los indios y amenazaban a quienes los defendían, bajo la complicidad de un infernal sistema socio-económico conocido como la encomienda, que mantenía vigente la antigua esclavitud.

(Prof. Ronal Vargas y Edgar Cantón)