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El Pirata sin cabeza.

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El pirata sin cabeza es una leyenda costarricense acerca del fantasma de un pirata decapitado que cuida un tesoro enterrado al pie de un árbol de guanacaste, en la playa de Tivives, en el pacífico costarricense.
La leyenda del pirata sin cabeza fue recogida posteriormente en un cuento escrito por el escritor costarricense Virgilio Rodríguez, y más tarde recopilada por Víctor Lizano en su libro «Leyendas de Costa Rica«, y por Elías Zeledón Cartín en su obra «Leyendas costarricenses«.

Cuenta la leyenda que en la Playa de los Loros, en la desembocadura de los ríos Jesús María y Grande de Tárcoles, que cuando los piratas Bartolomé Sharp y William Dampier pirateaban en las aguas del Mar de Balboa sembrando el terror en las Colonias Españolas, acostumbraban anclar sus buques en el río Jesús María para descargar seguros sus botines, mientras reparaban averías, reponían provisiones y planeaban la siguiente correría, colocando centinelas en el Peñón de Tivives para advertir el avistamiento de naves enemigas.
En una de estas aventuras, llegó Dampier cargado de tesoros, con la intención de ocultarlos para sí mismo, el corazón cargado de codicia. Confió el plan al compañero que más temía, un viejo pirata corazón de hiena y puños de acero, e hijo del Diablo, según se decía, ofreciéndole compartir la presa.
Engañando a los compañeros envíandoles al Peñón, pasaron la carga a la playa y cavando un hoyo al pie de un corpulento árbol de guanacaste, dejaron allí el botín.
Pero Dampier, traicionando a su compañero, le asestó una puñalada trapera, arrancándole al otro la vida, el cual, mientras caía en el hoyo, clamaba venganza a su padre Satanás.
Éste llegó pronto, metiéndose por la boca del muerto, el cual gritó la palabra ¡Aquí!para horror del otro pirata. Desenvainando el sable, Dampier le cortó la cabeza, pero cuál sería su sorpresa cuando el cuerpo decapitado del pirata levantóse, extendió su brazo al mar y volvió a gritar ¡Aquí!. Huyó Dampier mientras el cadáver andante y decapitado del otro le perseguía.
Los otros piratas, espantados ante el satánico prodigio, levaron anclas y abandonaron para siempre el sitio, mientras el fantasma del pirata sin cabeza continuaba gritando su espeluznante ¡Aquí!, el brazo extendido hacia la inmensidad del mar.
Desde ese día, cuentan los pescadores que en las noches de luna llena y al llegar la medianoche, en el Peñón de Tivives un fantasma sin cabeza que lanza un grito extraño por las rocas se pasea, y que para el mes de octubre, una lancha misteriosa que nadie maneja desciende por el río Jesús María y se estaciona frente a un árbol de guanacaste, donde el pirata sin cabeza aún espera a un hombre sin miedo que quiera compartir el tesoro enterrado.
Diario Digital El Independiente. Edgar Cantón