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Francisco Mayorga Rivas (1862–1940)

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          Prof:Ronal Vargas Araya                  

Nació en San Marcos, Chinandega (Nicaragua) un 7 de febrero, llegó en plena adolescencia a Costa Rica y muy pronto optó por la nacionalidad costarricense, convirtiéndose en un auténtico guanacasteco y un hombre que se destacará en el ámbito nacional. “A sus 16 años de edad (1878) se traslada a Liberia con sus padres: José Mayorga Chavarría y María Luisa Rivas Lebrón; y sus hermanos: Mercedes, Remigio, Felipe, Benito (sería Alcalde Cartulario del cantón de Liberia), Susana, Abraham y Abel. Celinita nació en Liberia” (1).

El joven Francisco estudió en el Liceo de Costa Rica beneficiado con una beca para jóvenes talentosos. Obtiene el bachillerato en Ciencias y Letras en 1899.  Estudió en la Escuela de Derecho, con apoyo y consejos de los distinguidos juristas: Don Ascensión Esquivel Ibarra y Don Cleto González Víquez, ambos mecenas llegarían a la presidencia de la República.

El concibió, con su mente de pionero, el desarrollo del norte de Liberia que hoy es fuente de trabajo y riqueza para muchos liberianos. Se interesó especialmente por preservar, por medio de la ley, aquellas tierras que eran entonces baldíos nacionales, para los fines de la colonización que preveía. En la zona de Quebrada Grande, generadora del desarrollo de la Colonia Mayorga, introdujo el cultivo del café. Por eso este distrito se bautizó en su nombre como Colonia Mayorga.

Con similar sentido visionario el señor Mayorga Rivas fue el precursor de otras empresas y actividades, algunas de las cuales han alcanzado desarrollo hoy día, como la generación de energía eléctrica, y otras que se hallan a la espera de mejores oportunidades como el cultivo de la vid. Recordamos que el primer alumbrado público de Liberia fue de faroles de carburo, colocados en las principales calles. En 1930 se instaló una planta generadora de electricidad, propiedad de don Francisco Mayorga, quien vendía el fluido eléctrico a la Municipalidad para el alumbrado público. Instaló en su casa las primeras fábricas de candelas, de jabón y de hielo, instaló además el primer molino de moler café, creó la Granja Agrícola en Liberia; fundó la Biblioteca Pública de Liberia con la donación de muchos de sus libros, por lo que todavía lleva su nombre. Como presidente de la Junta de Caridad (Junta de Protección Social), dio mucho impulso al funcionamiento de entonces Hospital San Juan de Dios en Liberia.

Su polifacética figura llama la atención todavía a la gente de nuestro tiempo: Licenciado en leyes, líder político, filántropo, hombre de letras, pequeño empresario, hacendado y visionario. Su paso por la vida pública, en la que hizo carrera larga y notable, se caracterizó por un constante afán de beneficiar a la provincia de Guanacaste. Comenzó a escalar posiciones políticas, iniciando por ser regidor municipal, cargo que desempeña en varios períodos, ejerciendo la presidencia del Concejo. Fue Gobernador de la Provincia de Guanacaste, Diputado y Ministro de Estado en la cartera de Fomento.La política fue una de sus grandes pasiones; fue un modelo de ciudadano entregado al servicio público. Ciudadano con un extraordinario sentido común y una inalterable nobleza. No lo envileció la política siempre amó y defendió su terruño” (1).

En 1905 dio vida al movimiento político regional “Unión Guanacasteca”, siendo su líder, junto al Lic. Antonio Álvarez Hurtado, donde libra muchas luchas con el fin de unir la familia guanacasteca y luchar con civismo contra el abandono que sufría ésta provincia desde su anexión a Costa Rica. En su alianza con otro gran guanacasteco, el Prof. Clímaco A. Pérez, encontramos uno de los grandes antecedentes del movimiento político regional más significativo y sublime de la provincia: “Confraternidad Guanacasteca”, liderada por el Dr. Francisco Vargas. En el período 1905-1919, como paladín de la Unión Guanacasteca, consiguió becas para muchos jóvenes de la región, para estudiar en el Liceo de Costa Rica y el Colegio de Señoritas, siendo presidente de Costa Rica su mecenas Don Cleto González Víquez.  Fue gobernador de Guanacaste en los períodos (1914-1917; 1919-1920).

Siendo diputado en tres períodos (desde 1920 a 1932), redactó y dictaminó proyectos que beneficiaban el desarrollo de la agricultura, ganadería, industria, educación y obras públicas.  Impulsó y promulgó como ley de la República con la colaboración del Prof. Clímaco A. Pérez la ampliación del ferrocarril de “Esparta” hasta Bahía Culebra; pasando por las Juntas de Abangares, Cañas y Liberia; lastimosamente el proyecto quedó frustrado por otros intereses. Redactó el primer ordenamiento jurídico (1908, N°12) que facultaba al Estado para una reforma agraria, la que se daría a medias; sin embargo se le considera el precursor de la reforma agraria en Costa Rica.  En 1921 participa en la redacción de proyectos distintos de expropiación para latifundios guanacastecos en defensa de los pequeños agricultores. Como diputado continúa consiguiendo becas para estudios de jóvenes talentosos guanacastecos. Fue defensor del voto femenino y de la participación de la mujer en la política, siendo así prócer del auténtico feminismo en la provincia.

Se preocupó por hacer asequible la educación a los habitantes de la provincia, procurando dotar, a su paso por la Cartera de Fomento en la segunda administración de don Cleto González Víquez, de edificios, mobiliarios y otros materiales a las escuelas de la provincia. En beneficio de su pueblo hizo generosas donaciones, entre las que pueden citarse: su biblioteca personal, entregada al gobernador de la provincia para la instrucción de quienes carecen de medios para adquirir libros; un salón para niños en el hospital de Liberia; terreno para la escuela granja de Liberia; su casa de habitación para que la Junta de Educación construyera una escuela, un colegio o una casa de huérfanos, y muchas manzanas de terreno en los sitios de El Palenque, La Montañita y Pijije “para que los pobres tuvieran en ellos pasto para sus ganados, leña para sus hogares y madera para sus viviendas”.  Todavía en nuestros días “la casa del filántropo Francisco Mayorga Rivas con su estilo arquitectónico único, donado al pueblo de Liberia luce erguida sobre la Calle Real y frente a la Copa de Oro” (2).

Siendo vicepresidente del Congreso, le tocó pronunciar un discurso cuando en 1929 se develó el monumento al prócer Juan Rafael Mora, y en esa ocasión los presentes descubrieron la sabiduría de palabra que había en este liberiano naturalizado, al igual que su anti imperialismo y valoración de la soberanía nacional: «De sobra conocemos los costarricenses nuestra pequeñez y nuestra debilidad; bien sabemos que el mantenimiento de nuestra independencia no descansa hoy en la fuerza de nuestras armas, sino en nuestro buen juicio y en nuestra paz tradicional, que alejan de nuestras playas toda intromisión extranjera; pero sabemos también que el varonil ejemplo de nuestros padres nos obliga a defender nuestro suelo y nuestra soberanía…»  Al tocar el tema del fusilamiento de don Juanito, el Lic. Mayorga Rivas señaló que de buena gana echaría un velo de olvido sobre esa sangrienta y dolorosa tragedia de la historia costarricense, si ella no agigantase la excelsa figura de don Juan Rafael.

Don Francisco hace además un llamado a los escolares, colegiales y público presente a defender la soberanía nacional«… Niños, aprended bien esta hermosa lección; jóvenes, imitad a los que salvaron nuestra Independencia; costarricense, al pasar frente a este monumento descubríos y prometed no entregar nunca al extranjero ni el honor de la patria, ni el más leve jirón de su soberanía» (3).

Con el sacerdote y exdiputado Jorge Volio, cuya placa desaparecieron a la entrada de Barrio la Cruz en Liberia, dio grandes batallas socialistas por Guanacaste en 1909 y en 1921 en el Congreso, donde pronunció estas palabras: “El acaparamiento de grandes extensiones de tierra sometidas en gran dominio particular es uno de los grandes males de la provincia de Guanacaste, esto ha determinado la condición de parásitos a pueblos enteros limitando a la vez su crecimiento y prosperidad, la repartición de las tierras parece ser lo aconsejable para resolver los serios problemas, en el caso concreto de Carrillo, parte de la costa de santa Cruz, cuando se dirían a Puntarenas tenían que pagarle al hacendado, la tarifa es para los boyeros 2 colones, y quienes viajaban a caballo 1 colon, cosa bochornosa para quienes hablan de un país que tiene libertades y no tiene los caminos libres lo grave es que el mal ejemplo y la dictadura del señor Wilson colocaban portones para no facilitar el paso a los viajes y aún existe, por otras partes los personas de Filadelfia y Bolsón carecen de tierras para sembrar y es el caso de un hombre que tenga que pagar esquile de su carreta, para alquiler de una manzana, quintal y medio de arroz para alquilar una manzana, o quienes se abstengan de cultivar por la falta de tierras” (4).

Como su vida pública, su vida privada fue también admirable. Se casó con la liberiana doña Ninfa Santos Aguirre, una dama de abolengo que aparecía como dueña de la Hacienda El Pelón en la primera parte del siglo XX. Al Lic. Mayorga se le conoció como un amigo leal, le adornaba un llamativo don de gentes que se revelaba en el trato igualmente cordial para los grandes y para los humildes. Siempre fue un ejemplo de vida, de solidaridad, de humanismo; vocabulario abundante y elocuente; generoso y noble, con un alto nivel educativo. Por su excelente trayectoria política y social sería declarado Benemérito Hijo de Liberia; también por sus especiales cualidades personales fue llamado: “Príncipe de Liberia”. Su vida fue una lección de civismo, de honradez, probidad y capacidad intelectual, y de un espíritu batallador e incansable por su provincia de Guanacaste.  En fin, fue un hombre excepcional y eterno orgullo de Guanacaste. Qué admirable sigue siendo aún hoy en día la trayectoria de este liberiano “adoptado” aunque no lo compartan aquellos criollos “regionalistas” que se ufanan de haber dejado aquí su cordón umbilical, pero que no han realizado contribuciones significativas para el bienestar general de quienes vivimos los calores de la pampa. No importa de dónde vengamos, parece que leemos en el rostro del licenciado Mayorga: lo que realmente importa es si nos identificamos con esta tierra que nos da su abrigo y calor.

Diario Digital El Independiente,Edgar Canton.