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Guardacostas resguardaron y liberaron a lobo marino juvenil…

El extraño visitante, un lobo marino juvenil, lucía nervioso y arisco.

Y no era para menos.

Tras una larga y seguramente accidentada travesía desde Islas Galápagos, este bello mamífero, adaptado para procrearse en tierra firme, fue localizado el domingo anterior en un sector rocoso de Playa Grande en Santa Cruz, Guanacaste.

Expertos lo atraparon cuidadosamente y fue trasladado hasta el Parque Marino del Pacífico en Puntarenas donde biólogos de la UNA lo auscultaron para descartar cualquier dolencia o lesión.

El lobo marino (también conocido como león marino) estaba cansado, con pequeñas heridas en su carita, hambriento, pero en inmejorables condiciones de salud.

Luego de algunos días de cuidos, fue trasladado hasta una estación del Servicio Nacional de Guardacostas, del Ministerio de Seguridad Pública, en Golfito. Aquí, sus oficiales lo cuidaron y mimaron hasta llevarlo a una patrullera para el inicio de su regreso a casa.

Sereno, dando muestras de felicidad, este hermoso animal, aún en su etapa juvenil, es decir, travieso, vigoroso, inexperto y por eso mismo extraviado, viajó con los Guardacostas hasta las cercanías de Punta Matapalo para su liberación.

Según expertos, se trata de una zona privilegiada para este tipo de situaciones pues las corrientes marinas discurren allí como “amplios caminos”, con sus respectivas señales, para dirigir al rescatado lobo marino hasta su recóndito hogar, algún paraje rocoso de Galápagos, junto a sus vecinos y amigos pingüinos, lagartos de lava, pinzones, iguanas y tortugas gigantes.

Allí, sin dejar de mirar al personal policial, a salvo de todo peligro, como si presintiera su buena fortuna, el lobo marino asomó su cabeza de la jaula, olfateó unos segundos, y se lanzó al mar para continuar con su odisea en aguas del Pacífico.

Los oficiales de la Unidad Ambiental de la estación de Guardacostas de Golfito lo vieron alejarse, con su piel aún gris ocre (será lúcido plateado rojizo en su adultez) contorsionándose en el agua, como jugueteando su apacible despedida.

El bello espécimen buscará peces, pulpos y calamares durante su travesía, sus presas favoritas, y, posiblemente arribará a su casa en Galápagos en algunos días. De hecho, necesita hasta ocho kilos de alimento y llegará a pesar hasta 160 kilos de ser macho y 50 las hembras.

El Servicio Nacional de Guardacostas, además de luchar contra narcomafias y otras manifestaciones delictivas, seguirá velando por nuestros recursos marino costeros.

El lobo marino, en el imaginario, llevará por siempre en el corazón su agradable encuentro con Guardacostas…

Diario Digital El Independiente. Edgar Cantón