Contact to us

Browse By

“Huaqueros: un triste oficio ya desaparecido en Guanacaste” 

       

Fuente: Profesor Ronal Vargas Araya. Nicoya.

Huaqueros (Guaqueros) es el nombre que se le da a las personas que realizan excavaciones en sitios de valor arqueológico, sin fines científicos, solo para apropiarse de objetos antiguos enterrados. Esta actividad de saqueo es ilegal y altamente destructiva. No pocos estudios antropológicos debieron realizarse con los sobrantes del saqueo. Tradicionalmente las labores de los huaqueros eran  determinadas por los intereses del mercado, en particular de políticos, comerciantes y ricos coleccionistas.

En Costa Rica el huaquerismo fue implementado por algunos conquistadores que participaron del entierro solemne de personajes indígenas de alto rango con sus pertenencias. Ellos volvían de noche al lugar para robar los artículos más valiosos junto al cuerpo del difunto. En el caso de Guanacaste se sospecha que los huaqueros de mediados del siglo XVIII en Liberia (Guanacaste), Nicoya y cerca del Tempisque, saqueaban más por necesidad, para venta de metates, ollas, molejones y otros artefactos de uso común entre los vecinos. Posteriormente el negocio creció cuando los grandes hacendados aumentaron sus ganancias al exportar, junto con la madera y productos de la ganadería, también objetos de arte precolombino.

Ya en el siglo XIX el huaquerismo era toda una profesión, por lo que no pocos peones y sabaneros abandonaron sus trabajos tradicionales por aventurarse en estos oficios, temidos por muchos creyenseros y alabados por otros, gracias a las leyendas que circulaban de tumbas embrujadas, extrañas enfermedades adquiridas al contacto con estos objetos o misteriosos animales que protegían los cementerios indígenas. Los saqueadores se hicieron de una ciencia propia para descubrir las excavaciones valiosas, normalmente en montículos colocados a menos de 500 metros de los ríos y señalados con  piedras estratégicamente colocadas, cerca de algunos árboles sagrados.

La codicia creció tanto que muy pronto promovió el saqueo bendecido y planificado. En 1877 Antonio Carrillo y el cura de Nicoya don José María Velasco conformaron una sociedad comercial para excavar tumbas y vender sus riquezas artísticas, destruyendo sitios arqueológicos con el único afán de coleccionar o vender piezas. Ellos explotaron el denominado sitio Las Huacas, que “se ubica en un paso montañoso hacia la mitad de la península de Nicoya, que era llamado en el siglo diecinueve La Quebrada de las Guacasin. Este era un extenso sitio arqueológico de entierros indígenas, con gran cantidad de objetos descubiertos y saqueados en la década de 1870. Un cura local, al ver las posibilidades de amasar una fortuna con los objetos allí encontrados, se asoció con el propietario de la tierra donde se encontró el cementerio indígena. Dicho sacerdote ofreció para la venta cantidades de objetos agrupados en “lotes”. La venta fue un éxito y aumentó el interés por el sitio Las Huacas”. (1)  Ningún huaquero se interesaba por recolectar datos de los bienes extraídos, describir el lugar de los hallazgos ni tan siquiera por conjeturar sobre la forma de vivir de los antiguos pobladores del lugar. El único interés era el económico, no el histórico-cultural.

Terminando el siglo XIX los extranjeros y algunos renombrados políticos se adueñaron del comercio y terminaron contratando a muchos huaqueros como trabajadores a su servicio, enviando los artefactos arqueológicos a instituciones especializadas y reconocidos coleccionistas internacionales. Don José Arrieta y otros famosos huaqueros de Santa Cruz cuentan que sacaron “piedras de moler maíz en cantidades…jarrones con figuras de animales, petates con figuras de tigres, lindas tinajas muñecos y varias figuras de aves, armadillos y venados y muchísimas piezas valiosas que en su mayoría fueron vendidas al señor Daniel Oduber Quirós” (2).

Toda la provincia de Guanacaste ha sido zona de saqueo, pero se pueden señalar como sitios más habituales Santa Elena de La Cruz, Nicoya, Bagaces, Guayabo, Papagayo, Hojancha y San Cruz. Por eso no es de extrañar que en estos dos últimos cantones existan distritos con el nombre de “Huacas”, ni que entre los grandes centros del jade en Costa Rica se encuentren Bagaces y la costa del Pacífico norte de Guanacaste, descubriéndose muchos objetos en la península de Santa Elena y las costas e islas del Golfo de Nicoya.

Diario Digital El Independiente,Edgar Canton.

One thought on ““Huaqueros: un triste oficio ya desaparecido en Guanacaste” ”

  1. Ronal Vargas Araya says:

    “Huaqueros: un triste oficio ya desaparecido en Guanacaste” Profesor Ronal Vargas Araya. Nicoya 4 de julio de 2019.
    Huaqueros (Guaqueros) es el nombre que se le da a las personas que realizan excavaciones en sitios de valor arqueológico, sin fines científicos, solo para apropiarse de objetos antiguos enterrados. Esta actividad de saqueo es ilegal y altamente destructiva. No pocos estudios antropológicos debieron realizarse con los sobrantes del saqueo. Tradicionalmente las labores de los huaqueros eran determinadas por los intereses del mercado, en particular de políticos, comerciantes y ricos coleccionistas.
    En Costa Rica el huaquerismo fue implementado por algunos conquistadores que participaron del entierro solemne de personajes indígenas de alto rango con sus pertenencias. Ellos volvían de noche al lugar para robar los artículos más valiosos junto al cuerpo del difunto. En el caso de Guanacaste se sospecha que los huaqueros de mediados del siglo XVIII en Liberia (Guanacaste), Nicoya y cerca del Tempisque, saqueaban más por necesidad, para venta de metates, ollas, molejones y otros artefactos de uso común entre los vecinos. Posteriormente el negocio creció cuando los grandes hacendados aumentaron sus ganancias al exportar, junto con la madera y productos de la ganadería, también objetos de arte precolombino.
    Ya en el siglo XIX el huaquerismo era toda una profesión, por lo que no pocos peones y sabaneros abandonaron sus trabajos tradicionales por aventurarse en estos oficios, temidos por muchos creyenseros y alabados por otros, gracias a las leyendas que circulaban de tumbas embrujadas, extrañas enfermedades adquiridas al contacto con estos objetos o misteriosos animales que protegían los cementerios indígenas. Los saqueadores se hicieron de una ciencia propia para descubrir las excavaciones valiosas, normalmente en montículos colocados a menos de 500 metros de los ríos y señalados con piedras estratégicamente colocadas, cerca de algunos árboles sagrados.
    La codicia creció tanto que muy pronto promovió el saqueo bendecido y planificado. En 1877 Antonio Carrillo y el cura de Nicoya don José María Velasco conformaron una sociedad comercial para excavar tumbas y vender sus riquezas artísticas, destruyendo sitios arqueológicos con el único afán de coleccionar o vender piezas. Ellos explotaron el denominado sitio Las Huacas, que “se ubica en un paso montañoso hacia la mitad de la península de Nicoya, que era llamado en el siglo diecinueve La Quebrada de las Guacasin. Este era un extenso sitio arqueológico de entierros indígenas, con gran cantidad de objetos descubiertos y saqueados en la década de 1870. Un cura local, al ver las posibilidades de amasar una fortuna con los objetos allí encontrados, se asoció con el propietario de la tierra donde se encontró el cementerio indígena. Dicho sacerdote ofreció para la venta cantidades de objetos agrupados en “lotes”. La venta fue un éxito y aumentó el interés por el sitio Las Huacas”. (1) Ningún huaquero se interesaba por recolectar datos de los bienes extraídos, describir el lugar de los hallazgos ni tan siquiera por conjeturar sobre la forma de vivir de los antiguos pobladores del lugar. El único interés era el económico, no el histórico-cultural.
    Terminando el siglo XIX los extranjeros y algunos renombrados políticos se adueñaron del comercio y terminaron contratando a muchos huaqueros como trabajadores a su servicio, enviando los artefactos arqueológicos a instituciones especializadas y reconocidos coleccionistas internacionales. Don José Arrieta y otros famosos huaqueros de Santa Cruz cuentan que sacaron “piedras de moler maíz en cantidades…jarrones con figuras de animales, petates con figuras de tigres, lindas tinajas muñecos y varias figuras de aves, armadillos y venados y muchísimas piezas valiosas que en su mayoría fueron vendidas al señor Daniel Oduber Quirós” (2).
    Toda la provincia de Guanacaste ha sido zona de saqueo, pero se pueden señalar como sitios más habituales Santa Elena de La Cruz, Nicoya, Bagaces, Guayabo, Papagayo, Hojancha y San Cruz. Por eso no es de extrañar que en estos dos últimos cantones existan distritos con el nombre de “Huacas”, ni que entre los grandes centros del jade en Costa Rica se encuentren Bagaces y la costa del Pacífico norte de Guanacaste, descubriéndose muchos objetos en la península de Santa Elena y las costas e islas del Golfo de Nicoya.
    El museo de Guanacaste en Liberia exhibe en su interior algunos objetos recuperados de grandes saqueadores o donado por coleccionistas, y en su exterior cuatro pilares rescatados de la huaca “Siete Cueros” de Montano de Bagaces. Esta fue una de la las famosas “huacas del jade”, profusamente saqueada entre 1970 y 1975.

    Entre los objetos valiosos que más se extraían con frecuencia mencionamos ollas, tinajas y vasijas de barro de diferentes tamaños, metates, esculturas humanas y animales (en piedra, jade y oro), joyería y objetos religiosos como tótem. Hasta los cráneos de indígenas bien conservados llegaron a tener alta demanda en el mercado ilegal. Dos de las colecciones de artículos del saqueo más reconocidas en la región son la Balser y la Oduber (3).
    Las frecuentes historias de saqueadores, de sus valiosos descubrimientos y de sus enormes ganancias con la venta de los objetos arrebatados se contaban en las cantinas de los pueblos, animando a no pocos atrevidos a probar suerte excavando por todas partes, para ver si la suerte les sonreía con el descubrimiento de un cementerio indígena, del que solo quedarían huecos y valiosos objetos desparramados y colocados de forma desordenada, provocando el dolor por la pérdida de la memoria histórica y el lamento de los historiadores, arqueólogos, antropólogos y otros científicos sociales. No terminamos de agradecer al cielo porque ya este antiguo oficio de los huaqueros es hoy solo una triste página de nuestra historia regional. Soñamos con algún día recuperar aunque sea un pequeño porcentaje del patrimonio arrebatado y vendido a coleccionistas y museos extranjeros.
    NOTAS:
    (1) Solórzano Fonseca, Juan Carlos (2001); Reflexiones en torno a la historiografía y la arqueología en Costa Rica durante el siglo XIX, Anuario de Estudios Centroamericanos, UCR, 27(1): págs. 83-100.
    (2) Gómez Vargas, Sonia (2007), compiladora. Certamen de tradiciones costarricenses: cuentos, anécdotas, leyendas, historias de vida y otros más de los pobladores de Guanacaste. MCJD.
    (3) Memorial de Arqueología (2015). http://memorialdearqueologia.blogspot.com/2015/08/las-huacas-del-jade-en-bagaces.html

Comments are closed.