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Ingenios irrespetan leyes ambientales con quemas de cañales.

 

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En estos tiempos de zafra llueve hollín del cielo por las quemas de cañales de todo Guanacaste. Luego, tener que barrer las cenizas del patio que siempre amanece como si cada noche los demonios hiciesen fiesta.

Cuando pareciera que en aquella atmósfera con olor a melaza penetrante se hubiese desatado el calor del infierno, el hollín de la zafra lo transforma en un negro rendido.

Por las noches, en épocas de la zafra, es casi imposible dormir en los barrios de muchas comunidades. Tractores y camiones gigantes ronronean frenéticos recogiendo los oscuros surcos de caña cortada y acumulada.

En esta prisión verde, todas las madrugadas amanece caliente y “con neblina”, y el sol se resiste a sonreír por el excesivo humo fijado por las cañeras en la atmósfera. Los ríos se encuentran contaminados y desviados de sus causes naturales Catsa y El Viejo, para regar los desiertos verdes, sin que exista Ley que los regule. Las tierras de cultivo para la comida, prácticamente son inexistentes. Las zonas urbanas están rodeadas, por los cuatro lados, por los monocultivos. Una verdadera prisión verde que está terminando con la salud de los habitantes guanacastecos, sin que ninguna autoridad pare estos desastres ambientales y contaminantes del aire que respiramos.

Los ciudadanos tomamos agua contaminada, respiramos el aire gris con olor a melaza fermentada. Vemos pasar el día y noche bajo la lluvia del hollín que viene del cielo, y el ronroneo estridente de inmensos camiones jaulas.  En esta prisión verde la trama de la vida está rota, y las esperanzas de sus “reclusos” son verdes como los monocultivos que existen en toda la pampa guanacasteca.

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Diario Digital El Independiente Edgar Cantón.