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“LA HUELLA DEL BEATO MONSEÑOR ROMERO EN GUANACASTE”

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Nos dimos a la tarea de preguntar en diferentes cantones guanacastecos sobre la figura de “San Romero de América” y descubrimos que con motivo de la reciente beatificación suya en San Salvador el pasado 23 de mayo mucha gente conoce algo sobre su vida, pero pocos saben sobre el gran impacto social e internacional de su obra, por su constante lucha a favor de la verdad, la justicia y los derechos humanos.

Alguien nos dijo que fuéramos al cantón de Liberia, pues por allí existió una colonia de salvadoreños muy devotos de Monseñor Romero. Allá fuimos y subimos al distrito de Quebrada Grande, donde nos dijeron: eso queda más adentro. Llegamos a un humilde poblado llamado Los Ángeles y vimos junto a la plaza una pobre capilla de madera casi en ruinas con la imagen de nuestro santo, y nos encontramos a una señora que nos confesó: “Pues sí, recuerdo allá en 1980 que nos moríamos cada día un poquito más en San Vicente de El Salvador…ya no teníamos fuerza para soportar los abusos del ejército, los asesinatos permanentes, el hambre y la pobreza extrema… Entonces se acercaron unos jóvenes líderes del FMLN y uno que era muy allegado a mi familia me dijo: “Doña Eva, póngase doble ropa y haga lo mismo con sus cipotes y nos vamos ya en camioneta para San Salvador…estamos planeando tomar por sorpresa la Embajada de Costa Rica. Esta es la única alternativa que tenemos para sobrevivir”.

“Yo estaba con el ánimo por el suelo. Hacía poco nos habían asesinado al párroco de nuestra Iglesia, el padre Masías. Vea esa foto en el altar, junto a la cruz: ese era él. Nuestras esperanzas se terminaron de esfumar un par de meses antes cuando “el Pastor más bueno, nuestro Monseñor Romero” derramó su sangre junto a la de Cristo, mientras celebraba la Misa con los enfermos y las religiosas del hospitalito donde vivía; él era el único defensor de los pobres, el que hablaba por nosotros…las autoridades del país nos habían dejado mudos, pero no cojos… Por eso caminamos sin parar y tomamos a la fuerza la embajada de Costa Rica”.

“Éramos alrededor de unas dos mil personas, la mayoría mujeres y niños. Casi no cabíamos en aquel recinto diplomático. Los niños no paraban de llorar. El ejército intentó penetrar y sacarnos a la fuerza…entonces apareció el valiente embajador tico arriesgando su pellejo y junto a la puerta principal colocó una hermosa bandera azul, blanco y rojo que no conocíamos…y les gritó a todo pulmón que aquel territorio tenía soberanía diplomática y les amenazó que ni se les ocurra meterse porque estarían provocando un conflicto internacional: “estas familias campesinas ya están protegidas por Costa Rica”. En ese momento nosotros no comprendimos la dulzura de aquellas palabras, pues

sólo entendíamos el amargo sabor de la guerra, el hambre, el miedo, la angustia y la desesperación…”.

“El embajador telefoneó de inmediato al presidente Rodrigo Carazo y el Gobierno de Costa Rica decidió enviarnos cinco aviones…no logramos meternos todos, por lo que el Gobierno de El Salvador no tuvo más remedio que prestar dos aviones más y enviarlos hacia esta pacífica patria. Me cuentan los que venían en estos últimos aviones que casi los estrellan contra el mar, al parecer por órdenes del ejército, pero de milagro los pilotos recapacitaron y accedieron a continuar el viaje. Todos los “guanacos” fuimos llevados a una hermosa hacienda guanacasteca junto al mar llamada “Murciélago”, en el cantón de La Cruz. Allí nos tuvieron poco tiempo, pues el lugar no resultó el más óptimo. Entonces ACNUR compró un terreno montañoso en las faldas del volcán Rincón de la Vieja y por medio de la Cruz Roja nos trasladaron a la que sería nuestra casa definitiva por los últimos 35 años: Los Ángeles de Quebrada Grande de Liberia. Nunca podré olvidar aquel día glorioso: fue un 26 de julio de 1980”.

“Yo me vine de El Salvador con 7 güilas, tuve que dejar uno que me quitaron… Imagínese que el más chico tenía siete meses. Aunque yo contaba tan solo 29 años ya me sentía una mujer madura y dispuesta a luchar por la vida mía y la de mis hijos hasta el final.  ACNUR nos consiguió a todos una identificación, pues muchos no teníamos ni cédula y la mayoría no sabíamos leer ni escribir… Con pena le digo que tantos años después todavía la mayoría de adultos de mi comunidad continuamos siendo analfabetas… Entramos como asilados políticos y con el tiempo se nos dio el estatus de REFUGIADOS. Hicimos historia, fuimos el primer grupo oficial de refugiados del que se tenga noticias… Al terminar el conflicto en El Salvador muchos decidieron regresarse a la patria natal, otros recibieron la tentadora oferta de irse para Canadá y se arriesgaron, el resto decidimos adoptar Costa Rica como nuestra nueva Patria”.

“Ya hace como 20 años que cerraron nuestro campo de refugiados de ACNUR. Recordarlo me causa mucha nostalgia, pues era un campo modelo: teníamos granjas agrícolas, de ganado, de gallinas y de cerdos. Levantamos talleres de calzado, de panadería y otros más. Pero algunos ticos nos hacían trampa al comerciar lo que producíamos y nos quebraron. Terminaron echándonos fuera y ya tenemos varios años de vivir aquí, junto al camino hacia Dos Ríos de Upala. La Cruz Roja nos permitió quedarnos a vivir en estos galerones viejos y nos presta unos terrenos para sembrar y producir lo que necesitamos para sobrevivir: tenemos algunos animalitos, gallinas, granos básicos, bananos, árboles frutales… Muy pocos salvadoreños aquí ganan un salario digno y sólo uno tiene cédula tica”.

“Cuando aparecieron los PRECARISTAS de Liberia se apoderaron de las que eran nuestras tierras, invadieron nuestros cultivos, se asentaron en la tierra donde nos habían echado años antes, eran muy violentos y se burlaban de los que no éramos

ticos. Algunos cedieron el derecho de sus nuevas parcelas con “cartas de venta” por las que eran traspasadas a segundos dueños… Hicieron un negocio redondo. La Cruz Roja no supo que hacer y casi pierde lo que eran nuestras 260 hectáreas. Sin embargo los precaristas ticos alegaron derechos adquiridos… Y hoy los juicios van y vienen a favor y en contra. Aunque la Cruz Roja ha intentado vender estas tierras no puede hacerlo por los conflictos legales que no acaban. La Benemérita paga a “Seguridad Futura S.A. de H y M” para que vigilen permanentemente la entrada y no permitan reingreso de precaristas… y ACNUR hace rato que desapareció de la escena del crimen…lavándose las manos, tal como lo había echo antes con el inocente Jesús el gobernador Pilatos; imagino que él también trabajaba con ACNUR…”.

“Muy poca gente nos ha apoyado, los pueblos vecinos no nos quieren mucho porque dicen que somos extranjeros que les robamos sus tierras. La embajada de El Salvador ni sabe que existimos. La Cruz Roja sólo nos soporta. La Municipalidad de Liberia ni se arrima, porque aquí nadie vota. A algunos curas les da pereza venir a darnos misa…Por muchos años hemos celebrado nuestra fiesta patronal el 24 de marzo, en el aniversario del asesinato de Monseñor Romero, pues si no fuera por su inspiración y la fuerza y el coraje que él nos da, hace tiempo ya todos nosotros estaríamos muertos en vida”.

El testimonio oral de doña Eva despedazó nuestra paz espiritual y creó un fuerte remordimiento por el abandono y la humillación en que permanece esta pobre población 35 años después que el Gobierno de Costa Rica les abrió de par en par el corazón de la Patria… Confiamos en LA PROMESA que también para estos hijos e hijas de Monseñor Romero “siempre vendrán tiempos mejores”… “San Romero de América, protege y permite que nazca la justicia y la prosperidad en Los Ángeles de Quebrada Grande de Liberia”.

Prof: Ronald Vargas Araya