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Leer descalzos la PALABRA DE DIOS: celebración nacional del día de la Biblia

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La Biblia tiene autoridad porque las personas creyentes la consideramos “Palabra de Dios”. Junto con la Tradición, ella es para la Iglesia Católica, la suprema regla de su fe (Dei Verbum, 21). La Palabra de Dios está en la raíz de la Iglesia “comunidad de creyentes”, quienes dependen de ella, como el agua de su fuente. «El oficio de interpretar auténticamente la Palabra de Dios, oral o escrita, ha sido encomendado únicamente al Magisterio de la Iglesia, el cual lo ejercita en nombre de Jesucristo. Pero el Magisterio no está por encima de la Palabra de Dios, sino a su servicio» (Dei Verbum, 10). Cuántos Ministro de la Palabra algunas veces al predicar se colocan por encima de la Palabra de Dios y no a su servicio, utilizándola para justificar puntos de vista subjetivos, a veces mediocres o serviles, olvidando que deben ser los primeros discípulos, siempre atentos y dispuestos a escucharla y proclamarla, sin ocultar sus consecuencias sociales y políticas.

La lectura de la Biblia funciona como si fuera un colirio. Va limpiando los ojos, devuelve la actitud del asombro y despierta la hermandad universal que nos han sido robadas por el egoísmo que carcome nuestra mirada de fe. El colirio nos hace capaces de quitar el velo de la realidad para experimentar la presencia liberadora de Dios que nos lleva a una santidad militante, comprometiéndonos día a día en las luchas populares: “la santidad no es una fuga hacia el intimismo o hacia el individualismo religioso, tampoco un abandono de la realidad urgente de los grandes problemas económicos, sociales y políticos de América Latina y del mundo y, mucho menos, una fuga de la realidad hacia un mundo exclusivamente espiritual. (Documento de Aparecida, #148).

Es falsa la disyuntiva que nos obliga a escoger entre ser fieles al texto sagrado tal cual o interpretarlo según la coyuntura socio-económica que enfrenta hoy la humanidad. «Entre estas dos fidelidades, la fidelidad al Verbo Encarnado y la fidelidad al hombre de hoy, no puede y no debe existir ninguna contradicción» (Pablo VI, Alocución a los profesores de Sagrada Escritura, sobre la Obra de la Iglesia para la interpretación de la Palabra de Dios, Septiembre 25 de 1970).

La Biblia nació de la preocupación de reencontrar el llamado de Dios, en la realidad conflictiva de

cada época. El propio Jesús explicó la Biblia, partiendo de los problemas y frustraciones que los dos discípulos de Emaús estaban viviendo (Lc 24, 13 y 35). El Papa Pablo VI dice que no basta con que el intérprete explore el sentido histórico del texto, debe explotarlo también «en relación con el hombre contemporáneo» (Pablo VI, Alocución a los miembros de la Pontificia Comisión Bíblica, sobre la importancia de los estudios bíblicos, el 14 de Marzo de 1974). Y en otro discurso agrega: «La fidelidad al hombre moderno, aunque ardua y difícil, si queremos permanecer enteramente fieles al mensaje, ¡es necesaria!» (Paulo VI, Alocución a los profesores de la Sagrada Escritura de Italia, Osservatore Romano, Noviembre 1° de 1970).

Los creyentes del Nuevo Testamento aprendieron a leer la Biblia desde la óptica del libro del Éxodo, siendo sus capítulos fundamentales para entender muchos pasos dados por la iglesia naciente, particularmente en la celebración de la Pascua, teniendo como telón de fondo la liberación de la esclavitud de Egipto. Dios en persona escuchó el clamor del pueblo y se enfrentó al imperio egipcio para salvar a un pueblo pequeño e insignificante de esclavos; “desde esta lectura creyente de la historia se percibe la ambigüedad del actual proceso de globalización” (Documento de Aparecida #523). Son traicioneros de la Palabra de Dios quienes no saben interpretarla desde esta perspectiva liberadora de toda opresión.

El biblista Carlos Mesters insiste que en nuestra América Latina esta forma de leer la Biblia significa voltear nuestra mirada hacia los más pobres…descalzos de prejuicios y discriminaciones para saber colocarnos al lado de los preferidos de la Biblia: las viudas, los huérfanos, los migrantes. Por eso la “opción preferencial por los pobres” es uno de los puntos de partida desde donde Palabra y Vida manifiestan su estrecha relación. Si eliminamos esta perspectiva corremos el riesgo de traicionar el soplo del Espíritu Divino siempre presente en la Palabra, siempre presente en los más pobres.

Leer la Biblia a partir de los pobres exige que se descubran y analicen las causas que generan la pobreza y la inequidad, causas económicas, sociales, políticas e ideológicas. Esta lectura contextual (mal llamada lectura sociológica) jamás podrá criticarse como una lectura reduccionista de la Palabra de Dios. Por el contrario, amplía el ángulo de visión. Así entonces la interpretación auténtica de la Palabra de Dios dejará de ser espiritualista, moralista y alienada, tal y como

insisten todavía los telepredicadores mal llamados “cristianos” y pasará a ser LUZ que ilumine las situaciones más difíciles de la vida del pueblo, volviendo a ser “Evangelio”: Buena Noticia para los pobres.

Por sus frutos los conocerán

  Prof. Ronal Vargas Araya