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Leyenda Guanacasteca La llorona de la quebrada

Fotografia: Ilustrativa.

La llorona de la quebrada
Versión: Josefa Alvarado Chavarría
En tiempos muy lejanos del pasado, en la época que antecede a los días de Semana Santa y,en especial, los días santos, los habitantes del pueblo de Cañas Dulces se revestían de todo temor,respeto y solemnidad a Dios. Previo a los sagrados días, se preparaba de antemano un recorrido por los
bosques buscando producto de consumo y, en especial, jicotes para obtener miel de abejas con la que preparaban un agua llamada Agua miel. A dicha semana, los lugareños la nombraban como la Semana de la Búsqueda o Busca.
Después de ese periodo de andar por los bosques buscando jicotes, se horneaban rosquillas de maíz, empanadas y Tortillas Dulces en grandes cantidades, de tal manera que les permitiera atender a toda la familia y a los visitantes. Además, obtenían pescados en los ríos y los secaban al sol para consumirlos en Semana Santa.
Por otra parte, elaboraban grandes cantidades de Tamal Pisque que comían acompañados de queso ahumado con el humo que salía de la leña de los fogones y fabricaban conservas y mermeladas aprovechando las frutas de la época, tales como: Mango en miel, Jocotada y Ayote en miel. También, se asaban muchas semillas de marañón que comían con los alfeñiques hechos con miel de caña de azúcar que adquirían en sus trapiches o bien compraban.
Como se apreciaba, para esos días no les faltaba alimentación por lo que no se encendían los fogones, sino que dejaban tizones enterrados en la ceniza los cuales servían para calentar los alimentos.
En esos días no se cocinaba nada, no se montaba a caballo ni se utilizaban las carretas. Tampoco se debían correr, ni saltar, ni gritar y, por ende, ni siquiera se debía de trabajar para no maltratar al Señor, decían ellos. En ese periodo se prohibía rotundamente bañarse en los ríos, en las playas y en las casas, pues corrían la mala suerte de convertirse en pescado.
Cuentan que en un día de Semana Santa, una mujer fue a lavar a la quebrada con su batea llena de ropa y su hijo en los brazos. Al llegar a la quebrada, un ser extraño le arrebató al niño de sus brazos y corrió quebrada arriba a gran velocidad. Sin embargo, ella había luchado para impedir que se le
despojase de su niño. Razón por la que infructuosamente corrió tras él en un profundo llanto y, al no
encontrarlo, como loca corrió quebrada abajo.
Ello provocó que siguiera llorando sin parar y, por tal razón, dicen que los Viernes Santos, por la noche, se escuchan los lamentos de la madre que perdió a su hijo. Narran los que la han visto, que esa mujer corre hacia arriba y hacia abajo de la quebrada, buscando al fruto de sus entrañas que jamás encontrará. Por tal motivo, se le llama a dicha mujer “La Llorona de la Quebrada”.

Diario Digital El Independiente,Edgar Canton.

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