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Liberia cumple 246 años de la fundación del poblado Guanacaste.

No es que cada cantón guanacasteco tenga un mes propio, pero si hubiera que declarar el mes liberiano, sin duda este sería setiembre, pues los acontecimientos históricos más significativos de la Ciudad Blanca se han dado en el noveno mes, tales como el transitar por este territorio en 1562 don Juan Vázquez de Coronado quien traía ganado vacuno y caballos desde León,  el inicio de la parroquia y de la población como tal (lo que se considera su fundación), el recibir el título oficial de ciudad, el ser la primera población tica en escuchar el grito de la independencia, la detención y encarcelamiento del doctor Francisco Vargas y el fusilamiento del presidente más querido en Liberia, Juanito Mora.

Las grandes haciendas de la pampa surgieron en Liberia, cuyo primer nombre fue Guanacaste. El primer vecindario del Guanacaste lo conformaban entonces peones, cocineras y capataces de las grandes haciendas ganaderas de propietarios nicaragüenses «ausentes», precisamente en el cruce de caminos, bajo la sombra de un gran guanacaste que daría nombre a esta población desde 1751. Durante los siglos XVII y XVIII en general la tierra (en Liberia y La Cruz) estaba en manos de hacendados nicaragüenses que enviaban sus peones a cuidarlas pero ellos casi no venían. Tanto los habitantes como el ganado se asentaron en el territorio de Liberia en el siglo XVIII, alrededor de 1720, cuando creció la exportación de ganado nicaragüense a pie. La expansión ganadera en el valle de Bagaces fue hasta el siglo XIX, alrededor de 1850, cuando el precio subió en Nicaragua e inició la exportación a pie hacia ese país. Jamás habría imaginado el gobernador Juan Vásquez de Coronado que este territorio despoblado que transitó con ganado un mes de setiembre de 1526 sería bastión de la ganadería en Costa Rica.

Como filial religiosa de la parroquia de Nicoya surge Liberia, cuya Iglesia será dedicada a San José y erigida como Parroquia (junto con La Lajuela) por Monseñor Juan Félix Villegas en 1790, siendo el primer párroco el Pbro. Eusebio Ruiz Hernández. La Ermita «al Señor de la Agonía» ya era asistida por un sacerdote desde el 4 de setiembre de 1769, como fruto del esfuerzo comunal de los criollos españoles de Rivas y Granada, que desde el siglo anterior vinieron con sus ganados a estas tierras al percatarse de la gran riqueza en ríos y pastos. Ellos se comprometieron, una vez construido el templo, a pagar el salario del sacerdote del poblado de El Guanacaste.

Las únicas protestas y levantamientos populares contra el régimen colonial español en la Colonia que se tienen noticia 15 años antes de la Anexión se dieron el 31 de diciembre de 1811 en Liberia y Nicoya, con motivo del monopolio estatal del aguardiente. En este siglo XIX las poblaciones de Nicoya y Santa Cruz eran numéricamente superiores a la de Guanacaste (Liberia), que en 1815 reportaba sólo 1,112 habitantes y además, por la cercanía, aquellas poblaciones establecían relaciones más estrechas y características comunes, especialmente en cuanto a la distribución de la propiedad, que era mucho más compartida (menos latifundista que en Liberia, donde dominaban las grandes haciendas). Por eso estos dos pueblos serán los que gestionen la Anexión a Costa Rica, mientras Liberia se mantiene más cercana a Nicaragua y no firma el acta sino hasta el 19 de enero de 1835, cuando lidere el movimiento civil guanacasteco para r

ratificar la anexión a Costa Rica.

El 3 de setiembre de 1836 el entonces presidente Braulio Carrillo firma la Ley N° 172, por medio del cual da el título de ciudad a la Villa de Guanacaste (Liberia). Según el Censo Nacional de 1838 los habitantes de Guanacaste (Liberia) eran 1.603, distribuidos en 255 viviendas (Santa Cruz y Nicoya le duplicaban). Para 1844 la población creció poco, 1.725 habitantes, en un total provincial de 8.175.

En Acta del 25 de abril de 1854 el pueblo de Guanacaste se dirigió al Congreso de la República pidiéndole que sustituyera el nombre de la provincia por el de Moracia, honrando así la mítica figura del querido héroe popular Juanito Mora. Tal solicitud se atendió y aprobó el 29 de mayo. Pero solo seis años después, al ser fusilado en Puntarenas el presidente Mora por sus opositores políticos el 30 de setiembre de 1860, se le arrancó a la región chorotega el nombre de Moracia, imponiéndosele para siempre el de “Guanacaste” (sin el artículo El), y a su cabecera el de “Liberia”, único recuerdo que quedó de aquella gesta libertadora de 1856, que había marcado de orgullo regional y patriótico a los pueblos guanacastecos que vieron desfilar con las armas y discursos a los personajes más importantes del país.

En ese entonces la estructura social de Guanacaste estaba compuesta de unos pocos propietarios, los artesanos, los comerciantes, los empleados públicos y la mayoría de familias campesinas y de peones que conforman la llamada «pobretería», de la que saldrá el contingente guanacasteco que participará en la guerra contra la intervención de los filibusteros yanquis. “Los pobres pondrán el pellejo y los terratenientes la plata” para sufragar los gastos de guerra, con los nuevos impuestos decretados a la ganadería, que sólo duraron un año, por la fuerte presión del sector, aunque sirvieron también para pagar empleados públicos y financiar la educación.

Años después varias poblaciones rurales liberianas tuvieron que luchar y levantar los cuchillos para apropiarse legalmente del territorio que ya habitaban, tal fue el caso de los campesinos de Cañas Dulces, que se enfrentaron a la policía que protegía a los poderosos hermanos Hurtado en 1920, siendo varios campesinos apresados un mes de setiembre. También recibieron tierras del Gobierno después de sendas luchas las poblaciones de Quebrada Grande y Guardia en 1929, al igual que los de la finca La Chocolata y

El Viejo en 1934.

El 19 de setiembre de 1937 se dio la injusta detención y el encarcelamiento del famoso político y Doctor Francisco Vargas en Liberia. Los pobladores, mayoritariamente las mujeres, presionaron durante la noche y rodearon la cárcel, amenazando con destruirla, hasta lograr su liberación definitiva. El 8 de diciembre de 1937 se lanza al aire el más valiente grito de protesta contra los corruptos gobernantes de la época, bajo el liderazgo del Doctor Vargas, quien logró movilizar el pueblo y congregar a más de cinco mil jinetes en Llano Grande de Liberia, quienes bajo el lema de !VIVA VARGAS¡ hicieron temblar la pampa por varios años: este fue el verdadero grito de la independencia de Guanacaste.

Cómo no celebrar Liberia con las fiestas patrias de setiembre, a fin de cuentas fue Liberia la primera población nacional que escuchó la noticia de la independencia por boca del pregonero procedente de Nicaragua en setiembre de 1821; la Independencia, la fundación del cantón y varias luchas por la dignificación y la liberación, que darían nombre y vida a la Ciudad Blanca y al nuevo país de Costa Rica, nacerán y crecerán unidas para siempre por el mes blanco de setiembre.

Prof. Ronal Vargas Araya

Diario Digital El Independiente.