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Los duendes de Las Lomas,leyenda Guanacasteca.

Versión de: Josefa Alvarado Chavarría

En el sur del centro de Cañas Dulces, se ven unas lomas que por su altura destacan a lo lejos,
sin que la arboleda impida contemplarlas. Dichas elevaciones de terreno, tienen en su base un espacio
en el que pueden entrar y permanecer, si así lo desean, personas de baja estatura, como la de niños. La
fantasía popular imaginó que en esos espacios vivían duendes.
Por ello, contaban los abuelos que en las noches iluminadas por la luna mientras los pobladores
dormían, disfrutando del merecido descanso nocturno por las labores o trabajos realizados en el día,
los duendes venían al centro del pueblo en gran algarabía con cantos, risas y gritos; contentos de
contemplar en el silencio de la noche las maravillas de la naturaleza que Dios dispuso dejarnos.
Era tal la alegría de estos pequeños seres que muchos despertaban y se asomaban por las rendijas
de las paredes de sus casas. Los pobladores veían con mucho interés ese precioso desfile de pequeñas
criaturas vestidas de color rojo con sus pies descalzos que, al amanecer, podían verse dibujados en
el polvo o arena de las calles y caminos por donde transitaron tranquilamente, puesto que nadie les
causaba daño alguno.
Sin embargo, las personas no se percataban que esos duendes se llevaban niños y objetos de las
casas. Por ello, las personas empezaron a escandalizarse por las pérdidas y cuidaban con recelo sus
pertenencias y a sus hijos. Debido a estos acontecimientos, las madres reprendían a sus hijos diciéndoles
que si se portaban mal se los llevarían los duendes.
Hoy con la transformación que el pueblo ha alcanzado, no se mencionan la visita de esos
pequeñines que habitaban las cuevas de Las Lomas. Actualmente, solo hay oscuridad donde los
murciélagos han convertido estos lugares en vivienda permanente, ignorando cuáles fueron los
primitivos habitantes de ese oscuro y solitario lugar. No obstante, en la actualidad, algunos lugareños
conservan la creencia y, cuando se les pierde un objeto, culpan a estos seres. Asimismo, hay madres que
cuando se les pierde un hijo temen que los duendes puedan llevárselo para nunca devolverlo.

Diario Digital El Independiente,Edgar Canton.