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Sabor santacruceño desde hace años y para todo el año

 Santa Cruz (1)                                          

Prof. Ronal Vargas Araya

Santa Cruz,Guanacaste.

Santa Cruz de Guanacaste, la tierra del Cristo Negro de Esquipulas, o cariñosamente “Esquipulitas”, como le llaman sus devotos, esconde un valor histórico, cultural y folclórico muy original e importante para la esencia del ser guanacasteco, que por desgracia casi sólo sale a relucir a nivel nacional en los meses de enero y julio.

El obispo Morel de Santa Cruz, en su célebre visita a Costa Rica del año 1751, indicaba que prácticamente toda la península de Nicoya estaba habitada por mulatos, y que el mayor grupo de población indígena, que se consideraba así misma pura, “maltrataba” a los mulatos cuando se acercaban al poblado de Nicoya, lo que hacía que estas poblaciones por un lado no pudiesen recibir los servicios religiosos, y que por otro, se mantuvieran en asentamientos dispersos en el vecindario y las haciendas. Frente a esta situación el Obispo propuso la creación de un pueblo en el cual estas poblaciones afrodescendientes pudieran asentarse.

En 1769 se decidió bautizar como Paraje de Santa Cruz el pueblo que nacía en honor del obispo Pedro Agustín Morel de Santa Cruz quien había visitado esta localidad con mucho esmero, dando libros y otras ayudas a la escuela del lugar y a los más pobres. Gentes de los alrededores de Nicoya y repartidas en pequeños poblados allá por 1772, ladinos y mulatos en general, se fueron concentrando junto al rio Diriá hasta conformar con el tiempo la población de las Delicias de Santa Cruz, donde prevalecería el minifundio (tal como en Nicoya y a diferencia de Liberia).

No cualquier imagen de Jesús es el que tiene más devotos en esta población, nos referimos al Cristo Negro de Esquipulas, venerado más que por los “indios promesanos”, como apuntan varios historiadores, por la mayoritaria población mulata y afrodescendiente de entonces. Algunas tradiciones africanas como la marimba, el vino de coyol y cierto vocabulario africano dan fe de este dominio, en el que el cerro Malambo es también un testigo fiel, junto a otra toponimia de origen africano.

Los trazos de la ciudad deben haberse realizado allá por 1817, poco después de la donación de los céntricos terrenos por parte de Doña Bernabela Ramos, que había regalado unas cuatro caballerías en 1804. Su padre, Don Miguel Ramos, había recibido estas tierras (unas 56 caballerías) por concesión del Rey Carlos III.  La devoción de esta familia a la Santa Cruz parece que influyó también en el cambio de nombre de esta población que originalmente muchos solo llamaban «Las Delicias».

 Con el tiempo se construiría una Ermita de adobes, la que sería suplantada por el hermoso templo de esta iglesia atendida desde Nicoya en 1814.  Aunque Monseñor Thiel afirma que la Parroquia se erigió en 1821, el “Ordo Eclesiástico” la ubica cuatro años después. En 2 de octubre de 1833 fuertes aguaceros seguidos de un terremoto de 7.1° grados, causaron estragos en la villa de Santa Cruz, el pueblo se supo levantar.

Para 1852 se inicia la construcción de un templo más amplio y hermoso que será parcialmente destruido con los temblores de 1850 y de 1900; será el terremoto de 1910 el que lo destruya totalmente, reconstruyéndose plenamente hasta 1930. El templo actual data de 1970 y fue levantado bajo la dirección de los dominicos que administraban Santa Cruz desde 1961, apoyados por las Hermanas Misioneras de La Asunción (desde 1950) y las Hermanas Franciscanas. El pueblo le debe mucho a varios sacerdotes progresistas, como los dominicos, que aportaron significativamente a su desarrollo y también a otros que dejaron ilustre descendencia y muchos bienes, como el Pbro. Teodoro García, muerto en 1892, uno de los mayores comerciantes y compradores de terrenos del siglo XVII.

 

Retrocediendo en la historia recordamos que en diciembre de 1786 Nicoya y Santa Cruz habían pasado a formar parte de Nicaragua en condición de Partido. Así se mantuvo la situación hasta que estas poblaciones decidieran anexarse a Costa Rica en 1824 contra la voluntad de Liberia, población con mayor influencia rivense. A inicios de este siglo XIX las poblaciones de Nicoya y Santa Cruz eran numéricamente superiores a la de Guanacaste (Liberia), que en 1815 reportaba sólo 1,112 habitantes y además, por la cercanía, establecían relaciones más estrechas y características comunes, especialmente en cuanto a la distribución de la propiedad, que era mucho más compartida (menos latifundista que en Liberia, donde dominaban las grandes haciendas).

Estos dos pueblos serán los que gestionen la Anexión a Costa Rica, mientras Liberia se mantiene más cercana a Nicaragua.  Después de muchos titubeos, los vecinos de Nicoya (mayoría indígena) y de Santa Cruz (mayoría Ladina y afrodescendiente) optan por adherirse a Costa Rica en Acta firmada el 25 de Julio de 1824, mediante Cabildo Abierto presidido por Don Manuel Briceño, no así la dirigencia de Guanacaste (mayoría criolla y de influencia nicaragüense), quienes juramentarán la Constitución Nacional, la Ley Fundamental del Estado de Costa Rica, hasta el 24 de setiembre de 1826 y no precisamente «con toda voluntad».

En una Misa celebrada por el Pbro. Cipriano Gutiérrez, Cura de Santa Cruz, se juramenta en esa población la Constitución de Costa Rica.  El 2 de mayo de 1826 el Alcalde de Santa Cruz, Justo Arrieta, es destituido por oponerse a la Anexión del Partido. Un mes después este ex-Alcalde denuncia que partidarios de la Anexión han dado muerte a algunos que se también se oponían, por lo que el 22 de Julio se levantará en armas junto con Gabriel Ríos y Tiburcio Gallo en protesta contra la Anexión. Como se ve, la situación no fue tan dulce y pacífica tal como se acostumbra presentar en las celebraciones patrias.

Como se indicó anteriormente, la población de Santa Cruz ha sido siempre abundante con respecto a sus vecinos de Guanacaste. Según el Censo Nacional de 1838, los habitantes de Santa Cruz ya eran 2.767, distribuidos en 453 viviendas y los de Nicoya 2.013, distribuidos en 309 viviendas, mientras el total de Costa Rica era 76.239 habitantes en 19.905 viviendas. Para 1844, de las 8.175 personas que vivían en Guanacaste, de Santa Cruz procedían 2.850.

 

La presencia nicaragüense en Santa Cruz ha sido significativa a lo largo del tiempo. En las primeras décadas del siglo XX Alfonso Salazar Aguilar, tal como su padre, propietarios de la hacienda El Viejo (Carrillo y Santa Cruz) trajo por tierra desde Rivas (un largo trayecto de 10 días) prácticamente a todos sus trabajadores calificados, tales como sabaneros y fabricantes de queso. Muchos de los guardias de otras haciendas eran también nicaragüenses.  Por eso no extraña que en 1927 más del 10% de los pobladores de Guanacaste eran extranjeros, algunos chinos y la mayoría nicaragüenses, que predominaban también en el cantón.

La población del cantón ha sido históricamente campesina y en las costas, pescadora. En Nicoya y Santa Cruz adquiere importancia el cultivo intensivo de granos sobre todo en el período 1905-1914, cuando se pasó del autoconsumo a la producción a mayor escala para la exportación al territorio nacional. A partir de los años ochenta el sector de servicios, en particular el arribo de empresas turísticas, vinieron a transformar para siempre la vida del cantón, gracias a la riqueza natural del mismo y la belleza de sus playas. El turismo absorbió mucha mano de obra desplazada, pero no la que se esperaba, y empujó más la crisis del agua en el cantón, situación que sigue sin resolverse definitivamente. El hecho que el año 2007 Santa Cruz ocupara el primer lugar en la actividad de la construcción a nivel nacional habla de esta transformación.

Hasta mediados del siglo XX en Guanacaste casi no se conocían los puentes. Por eso antes de 1950, la provincia no lograba integrarse plenamente a la vida social, económica y política nacional. Antes de iniciar la construcción de la carretera Interamericana Norte, en la década de 1940 Ballena de Carrillo y Bolsón de Santa Cruz estaban entre las principales vías de comunicación pluviales de la provincia para ir al Pacífico, a Puntarenas y de allí al resto del país. El horario de Ballena y Bolsón era dos veces a la semana. Las carretas viajaban en caravana de hasta 50 yuntas al puerto fluvial más cercano.

Los últimos registros de cabotaje datan de 1965, cuando desapareció el servicio en Ballena y Bolsón, disminuido desde la apertura de la carretera en 1955 y el correspondiente deceso del cabotaje en Puntarenas. La ruta de la carretera interamericana y el final del cabotaje destruyeron el tradicional camino del arreo y eso afectó grandemente la espiritualidad y el progreso de muchos habitantes de la región que ahora quedaban relegados, particularmente en Santa Cruz y los cantones de la bajura; los paisajes y el entorno cambiaron abruptamente para siempre, dejando en el olvido un camino que había sido la ruta principal de los ancestros y algunos pueblos quedaron heridos de muerte en su abandono.

Todos los años, al iniciar el mes de enero, y desde el diciembre que le antecede, se enciende el espíritu santacruceño por las fiestas de Esquipulitas, desbordándose a granel todas las tradiciones típicas de esta región, manifestadas en su original arte culinario, taurino, artístico y cultural. Por algo el expresidente de la República Daniel Oduber en el año de 1974 le dio el título de “Ciudad folclórica de Costa Rica”, ya que es un cantón en el que la cultura tradicional guanacasteca encuentra una variante de gran expresividad y riqueza cultural. Han surgido en las últimas décadas una serie de folkloristas, artistas y literarios que muestran su empeño por mantener vivas las tradiciones, desde la música popular hasta lo culinario, desde la danza hasta la narrativa y la poesía, así como el dibujo y la artesanía chorotega. Todos estos movimientos folcloristas dan vida durante todo el año a un cantón con sabor único y original en la provincia de Guanacaste.

Diario Digital El Independiente,Edgar Canton.